Castellà

Castellà

Per Xurri

Caminaban despacio. El más alto era un hombre solemne, bien vestido, con barba gris y pómulos algo enrojecidos; el otro, flaco, sin afeitar, parecía que acabase de salir de alguna enfermedad. Estaban abstraídos en la conversación, y el más alto se detenía de vez en cuando y se pasaba la mano por la barba, como si quisiera sopesar bien las palabras.

-En la vida no hay tiempo para todo. Reír y llorar, divertirse y abatirse… y en el punto de nacer ya tienes que prepararte para morir. Porque las ganas de llorar que tienen las criaturas de pañales es porque ya lo sienten.

-¿ya sienten qué?

- El olor de muerte que hay por todas partes… Después uno se acostumbra…

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