CastellÃ
CastellÃ
Per Xurri
Caminaban despacio. El más alto era un hombre solemne, bien vestido, con barba gris y pómulos algo enrojecidos; el otro, flaco, sin afeitar, parecÃa que acabase de salir de alguna enfermedad. Estaban abstraÃdos en la conversación, y el más alto se detenÃa de vez en cuando y se pasaba la mano por la barba, como si quisiera sopesar bien las palabras.
-En la vida no hay tiempo para todo. ReÃr y llorar, divertirse y abatirse… y en el punto de nacer ya tienes que prepararte para morir. Porque las ganas de llorar que tienen las criaturas de pañales es porque ya lo sienten.
-¿ya sienten qué?
- El olor de muerte que hay por todas partes… Después uno se acostumbra…
_________________